Imprescindible
leer este texto antes de ver las fotos:
Espacios abandonados,
silenciosos, cubiertos de polvo. Olvidados por sus dueños, que
otrora jugaron, rieron y vivieron.
Cientos de sonrisas que dejaron de sonar; miles de secretos que en estos
muros se hicieron lapidar.
Entre cascotes y restos perdura la belleza de estos lugares; espacios
que intentan mantenerse erguidos, pero que el tiempo los aísla
en el olvido.
Sólo la luz viene cada mañana de visita, los acaricia,
despierta y alienta… pero el deterioro no se puede frenar.
Espacio fragmentado, debilitado, moribundo.
Espacio bello, espacio vacío… espacio y sólo espacio.
Máquinas que ya no rugen, que el óxido recubre y adorna.
Aceites secos, gomas cuarteadas, poleas deshechas. Manómetros
a cero, fuelles deshinchados, olores a cerrado.
Baldosines caídos, suelos levantados, tablas quebradas y yesos
desconchados.
Cristales partidos, cables arrancados, humedades y sueños acabados.
El sol conoció estos mismos espacios, cuando la gente los poblaba,
cuando el trabajador la piel se dejaba; y arte y oficio las manos se
daban.
Me pregunto si alguien volvió su vista atrás; o si ese
alguien quizás prefirió dar pequeños pasos hacia
adelante, cerrando los ojos y sujetando sus lágrimas.
Lo cierto es que los lugares nos acompañan toda la vida en nuestra
memoria, pero no vacíos, sino más bien repletos de frases.
Tan es así que cuando queremos volver, todo ha cambiado; ya no
el sitio en si -que parece alegrarse al vernos- sino las personas, que
ya no nos acompañan, pero que aún resuenan. Sólo
cerrando los ojos, recordando, identificando olores, nos vuelve la memoria,
nos parece haber viajado en el tiempo: rejuvenecemos y una sonrisa se
apodera de nuestra faz.
Tiempo pasado, tiempo vivido. Mientras que quede un ladrillo podré revivirlo.
Volveré a recordar, volveré a sentir: miraré mis
arrugadas manos y me sentiré orgulloso de estar aquí.
Parece que nada hubiera cambiado, que la rutina comenzará en cualquier
momento. Pero los relojes parados ignoran el tiempo. Hombre y tierra
en armonía. Sopla el viento y se acaba el día.
Cuánto sé ahora, quién pudiera dar marcha atrás,
volver a ser joven y en estas estancias deambular. Decir lo que callé,
obrar lo que evité y volar por la vida sin red. |